Estas obras suponen una concepción y una práctica de la escultura distinta a la que acostumbramos a ver en la tradición del volumen. De partida, la renuncia a la base sobre la cual descansa la escultura; luego una estrategia de elaboración sobre dos ejes materiales disímiles, pero que apuntan al mismo fin en la obra terminada: obras rigurosamente dimensionadas en sus partes y constructivamente ensambladas, en donde el aporte de la industria es fundamental con perfiles de acero, espejos, escaleras y ventanas, a la vez, la incorporación de materiales naturales como piedras, arena o cuarzo que prolongan el medio natural, como si se quisiera conciliar la naturaleza mil veces intervenida y degradada, con un prudente trabajo humano que no destruya su vitalidad creativa.

Así entonces, la Mesa del Silencio, por ejemplo se propone, a mi juicio, como espacio ritual reeditando en los volúmenes de innegable contemporaneidad, la antigua relación mágica y reverente entre aquella y el ser humano. Recordemos de paso las pirámides mayas concebidas y ejecutadas con indudable rigor geométrico, con notable precisión constructiva para dar origen a un nuevo espacio en el espacio natural, cohabitando ambos en armónico equilibrio.

Si en algunas obras predomina el material industrial, en otras la aproximación a la naturaleza es completamente directa y aporta la totalidad del material para su trabajo escultórico. En Tectum Arcanus o en Ayllo hay una evidente atracción por la madera, su sensualidad y su textura. Aflora, por cierto, con ímpetu la manualidad en el proceso de desbaste, horadación, ensamble y pulido.

El título de su exposición en latín «IN ILLUD TEMPUS» y las denominaciones para cada una de las esculturas tiene su razón de ser. Hoy se dice que el latín es una «lengua muerta», ajena al habla cotidiano e históricamente congelado.

¿Por que entonces titular la exposición y las obras en latín? Porque hay una búsqueda consciente de la artista por ahondar en los orígenes; el latín es la raíz y comienzo de idiomas que derivan de este tronco como el español, el portugués o el francés. Situarse en aquel principio lingüístico es imaginar la presencia de la naturaleza incontaminada, la primera imagen y la primera contemplación encamadas en estas estructuras y formas volumétricas que vendrían a ser arquetipos de toda arquitectura.

MILAN IVELIC
DIRECTOR
MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES